En julio contamos que Apple había demandado a OpenAI por presunto robo de secretos comerciales. Aquello era la versión de una parte. Esta semana ha llegado la de la otra, y viene con documentos: OpenAI ha publicado una respuesta titulada “Apple is getting this wrong” en la que no se limita a negar, sino que cuelga los correos y los iMessages para que cualquiera los lea.

Merece la pena repasarlos con calma, porque dejan a Apple en una posición incómoda… y porque, leídos con atención, también se ve dónde OpenAI arrima el ascua a su sardina.

El tono: “descuidado, agresivo y curiosamente personal”

OpenAI abre con un elogio envenenado. Dice que Apple es una de las mejores empresas de la historia y que se construyó una reputación obsesionándose con el detalle más pequeño, para rematar que esta demanda “descuidada, agresiva y curiosamente personal” no está a la altura de esa reputación.

Y cierra pidiendo que se retire la medida cautelar que Apple ha solicitado: sostiene que se basa en información falsa y que es innecesaria, porque —afirman— no tienen ni quieren ningún secreto comercial de Apple.

El correo que nunca debió enviarse

Esta es la parte que ha dado la vuelta a todas partes, y conviene contarla con precisión porque los titulares la han simplificado.

El 23 de febrero, Gabriel Gross, abogado externo de Apple (del bufete Weil, Gotshal & Manges), envió una carta a Che Chang, director jurídico de OpenAI. Trece minutos después le llegó a Chang un segundo correo que empezaba así: “Gracias por su llamada telefónica de hace un momento y por ofrecer su cooperación tan rápidamente”.

El problema: esa llamada nunca existió. Ese correo iba dirigido a otra persona —un tal Sr. Wang, exempleado de Apple— y acabó en la cadena equivocada.

La respuesta de Che Chang, escrita al equipo legal interno de Apple, es de las que no se olvidan:

“Este tipo de Weil dice representaros. Por alguna razón, miente sobre haber hablado conmigo por teléfono. No sé quién es y nunca hemos hablado.”

Al día siguiente Gross rectificó, explicó que había respondido por error a la cadena de correo equivocada y se disculpó por la confusión. Dos días después, el abogado interno de Apple confirmó que Weil efectivamente les representaba y remitió cualquier duda a ellos. Y ahí, según OpenAI, se acabó todo: cinco meses de silencio hasta que llegó la demanda.

Dos matices que conviene no pasar por alto

Aquí es donde toca hilar fino, porque OpenAI también hace su propia lectura interesada de sus propios documentos.

Uno. OpenAI resume el episodio diciendo que los abogados de Apple escribieron a la persona equivocada “tras confundir dos apellidos asiáticos”. Es una forma de contarlo que hace mucho daño, y los correos publicados no dicen exactamente eso: la carta original sí iba correctamente dirigida a Chang, y lo que Gross explica es que respondió por error a la cadena equivocada cuando quería escribir a Wang. Que el error existió es indiscutible. Que la explicación sea la confusión de dos apellidos es la interpretación de OpenAI, no lo que consta en el correo.

Dos. OpenAI afirma que Apple les dijo entonces que estaban “resolviendo cualquier problema” (resolving any issues). Si uno va al correo, esa frase aparece… pero referida a otra cosa: Gross cuenta que Wang le llamó y se ofreció a cooperar con Apple “para resolver cualquier problema”. No es Apple tranquilizando a OpenAI; es un tercero ofreciendo colaboración. La cita es real, el contexto es distinto.

Ninguno de los dos matices tumba el argumento de fondo de OpenAI —que Apple no planteó las acusaciones concretas de la demanda antes de presentarla—, pero conviene saber que aquí las dos partes están construyendo un relato.

Los iMessages: quién le pidió ayuda a quién

Y llegamos a lo más incómodo para Apple. La demanda acusa a Chang Liu de acceder a información confidencial de Apple después de irse. Los mensajes que publica OpenAI cuentan otra historia: que fueron antiguos compañeros de Apple quienes le escribieron a él pidiéndole ayuda.

El último día de Liu en Apple fue el 22 de enero de 2026. Ese mismo día, un empleado de Apple le pide quedar; hablan de buscar un disco duro, de que 64 GB “es mejor que nada”, de que la copia sigue en marcha. Al día siguiente, ese empleado le escribe que ha vuelto a la oficina, que va a reiniciar el AirDrop porque falló, y que su plan es completarlo antes de “darle al botón triste en Workday” —es decir, antes de tramitar formalmente la baja de Liu en el sistema—.

Después llega el detalle que más dice sobre la gestión de accesos. Es Liu quien avisa a su excompañero:

“Puedes dejar mi iCloud conectado si necesitas más tiempo. Pero quizá quieras cerrar sesión en mi iMessage, porque podrían aparecer cosas de mi nueva empresa en ese portátil.”

La conversación no acaba ahí. En febrero y en marzo, ya con Liu fuera de la empresa, siguen escribiéndole para preguntarle cuestiones técnicas de proyectos de Apple: dónde están ciertos archivos, a qué ingeniero acudir, cómo era tal decisión de diseño. Liu responde señalando carpetas concretas del equipo y nombres de compañeros a los que consultar.

Hasta que alguien en el hilo se da cuenta de lo que está pasando. Un participante escribe cuatro palabras que valen por todo el documento:

“Esto es muy irregular, sacadme de este hilo.”

El argumento de OpenAI es directo: si Liu conservaba acceso a sus archivos, no fue porque se lo llevara, sino porque Apple no cerró bien sus cuentas al salir; y lo describe como un problema recurrente de la compañía, no un caso aislado. En la práctica, dice, hay exempleados que quieren hacer las cosas bien y aun así siguen teniendo acceso a ficheros de Apple sin quererlo ni saberlo.

Con todo, hay una lectura que el post de OpenAI no subraya y que también está en esos mensajes: Liu siguió compartiendo información interna de proyectos de Apple durante meses. Que se la pidieran desde dentro de Apple explica el contexto, pero no convierte la conversación en algo rutinario.

Y hay algo más importante: la acusación central de Apple sobre Liu no es esta. Según la demanda, hacia el 9 de febrero de 2026 —ya fuera de la empresa— Liu descubrió que un fallo de autenticación en la red interna de Apple todavía le permitía llegar en remoto a los servidores de archivos, y descargó decenas de documentos confidenciales de hardware, con un conjunto de más de mil páginas. Apple lo describe como una vulnerabilidad de día cero que Liu no reportó. Los iMessages que publica OpenAI no dicen nada de aquel acceso, y su respuesta tampoco lo menciona. Lo desarrollamos en la tercera parte de esta serie.

Sobre Tang Tan

Del otro nombre propio de la demanda, el exdirectivo Tang Tan, OpenAI se limita a defenderlo: dice que siempre dejó claro al equipo que no quieren ni deben usar información confidencial de otras empresas, y recuerda sus más de 24 años en Apple, donde —afirman— se le conocía como uno de sus líderes más innovadores.

Cómo leer todo esto

Un par de cautelas antes de sacar conclusiones. Esto es material seleccionado y publicado por una de las partes: OpenAI decide qué correos enseña y en qué orden, igual que Apple decidió qué contaba en su demanda. Que haya documentos no significa que tengamos la foto completa.

Y falta la reacción de Apple: al cierre de este artículo no consta respuesta pública de la compañía a esta publicación. Tampoco sabemos qué dice exactamente su último escrito judicial, al que OpenAI alude pero que no reproduce.

Dicho eso, hay algo que ya no depende de quién gane el pleito. Apple ha construido buena parte de su identidad sobre el secretismo y el control férreo de la información interna. El documento que ha hecho público OpenAI enseña a empleados de Apple copiando ficheros de la cuenta de alguien que se marcha, pidiéndole favores técnicos meses después y a un compañero pidiendo salir del hilo porque aquello no pintaba bien. Gane quien gane, esa parte ya está en internet.


Fuentes: respuesta oficial de OpenAI “Apple is getting this wrong”, incluidos los anexos de iMessages y correspondencia por correo publicados por la propia empresa; cobertura de 9to5Mac y TechCrunch. Las citas de los mensajes están traducidas del inglés y aparecen redactadas por OpenAI (nombres e información confidencial de Apple ocultos). Todo lo recogido son alegaciones de las partes en un procedimiento judicial abierto, no hechos probados: Apple mantiene sus acusaciones y el caso está pendiente de resolución.